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viernes, agosto 08, 2014

La política sin Fayad, el transgresor de todos los límites



Traspuso hasta los bordes de la ley. Incomodó a propios y extraños y jugó a la política desde costados tan incorrectos que enamoró a la gente que lo votaba. Usó sus influencias políticas para desbaratar el tablero local, y cuando pudo, nacional. Fue el radical que se alió al peronismo para fortalecerse en la UCR. Cómo fue su influencia en la política hasta el final.


-¿Qué hacés ahí afuera?
-Qué querés… si no salto y canto… acá nos matan a todos…
Víctor Manuel Federico Fayad, por entonces un diputado nacional de 46 años, estaba en plena Plaza de Mayo aquella tarde-noche del 20 de diciembre de 2001, y respondía la llamada que el periodista le hacía desde Mendoza. Se había camuflado entre la gente enardecida que gritaba “¡Que se vayan todos!” mientras algunos más embravecidos amagaban con entrar al Congreso de la Nación. El presidente Fernando de la Rúa se iría horas más tarde de la Casa Rosada a bordo de un helicóptero. En aquellos años, Fayad era un diputado nacional de renombre y muy enfocado en una larga cartera de temas estratégicos. En lo interno, se sentía tan outsider como cuando decidió ser candidato a gobernador por segunda vez, pero acompañando en su boleta a José Octavio Bordón a presidente en aquella aventura que buscó disputarle el poder a Carlos Menem en 1995.
Víctor Fayad buscó siempre reservarse la última carta. Ser el fiel de la balanza, ola pesa que la desequilibrara llegado el caso. Siempre se sintió con capacidad de gobernar la provincia, algo que nunca alcanzó aunque probó dos veces, pero trató a los gobernadores de Mendoza desde ese lugar, cultivando relaciones directas con el poder central en Buenos Aires. Al radicalismo mendocino le molestaba, en su época de oro, la relación de Fayad con Alfonsín, por ejemplo, como más tarde las tuvo con el propio Menem, con De la Rúa, y qué decir de su cercanía al kirchnerismo hasta el final. En su última teleconferencia Cristina Fernández de Kirchner, días atrás, recordó a su amigo del alma. Amistad forjada en el Congreso de la Nación.
Fayad perdió potencia política con los años, pero no la influencia. Anclado en su intendencia de 1987 cuando tenía sólo 32 años y le cambió la cara a la Ciudad de Mendoza, se reconstruyó cada vez que pudo hasta volver a la Municipalidad en 2007. Siempre controvertido, logró en sus últimos años –desde la jefatura de la capital- condicionar a peronistas y radicales. Cómo no iba a conseguirlo si era capaz de cultivar amistades tan disímiles como Cristina Fernández de Kirchner y Elisa Carrió, que cada tanto le visitaba en Mendoza aunque hace un tiempo esa relación se había enfriado.
Fayad se convirtió en un “intendente K” sin serlo formalmente, cuando buscóconstruir poder en su relación directa con Néstor Kirchner y Cristina.Lo consiguió rápido y pronto su municipio pasó a ser el más beneficiado por las transferencias de Nación, al punto de convertirse en la envidia de los intendentes del PJ y a ser una suerte de interlocutor del entonces gobernador Celso Jaque. El malargüino desconfiaba mucho de Fayad y el intendente le despreciaba ostensiblemente, pero ambos jugaron ese juego que le permitió a Kirchner mantener al radicalismo mendocino, en especial a Julio Cobos y al cornejismo, a raya. También tuvo entrada libre con Francisco Pérez. En el gobierno de “Paco” solían quejarse de que en ciertos momentos de la política, el único dirigente mendocino con el que Cristina hablaba era justamente Fayad. Apoyándose en el kirchnerismo y en los recursos nacionales, “el Viti” construyó un contrapoder que logró separar las aguas en el radicalismo hasta mantener los bloques legislativos divididos durante mucho tiempo. Jugando desde el extremo de la política fue que le facilitó a Celso Jaque su primer endeudamiento, y al poco tiempo fue el intendente más premiado con recursos nacionales para obras de asfalto. En el acto en que se anunciaron aquellos fondos, Cristina lo distinguió especialmente.
Los últimos años de Fayad, aunque fue reelecto por buen margen en 2011, marcaron su declive en el mapa de la política mendocina. Pese a que fue uno de los dirigentes más importantes que dio la UCR provincial, fracasó en su intento de formar una línea interna capaz de enfrentar a la alianza que formaron Alfredo Cornejo, Julio Cobos, Ernesto Sanz y los territoriales. En el último congreso partidario que participó la pasó mal. Concurrió al lugar rodeado de custodios, algo nunca visto en la política local.
El odio político y personal hacia Julio Cobos le llevó a cometer errores políticos, como armar un partido aparte junto a Roberto Iglesias antes de las elecciones legislativas del año pasado. Con su enfermedad ya declarada y confesa, se retiró de la contienda electoral pero mantuvo su esfera de influencia, disputando la relación con el kirchnerismo al propio Pérez. Antes de eso, coqueteó incluso en una federación de intendentes cercanos al oficialismo y desde allí construyó críticas a la UCR. Nadie va a olvidar jamás aquello de “Padre Grassi de la política” que le dedicó a Cobos, cuando el entonces vicepresidente de la Nación era vitoreado por su “No positivo” y el enfrentamiento consecuente al poder de los Kirchner.




Fayad fue un transformador a su manera aunque sus últimas gestiones municipales le dejarán una pesada herencia de gestión a Rodolfo Suárez, con una ciudad que dista de ser “maravillosa” y que debe resolver urgente una cantidad importante de problemas urbanos, en una municipalidad clientelizada y con fuertes bolsones de corrupción. Sus funcionarios le amaban, odiaban o temían. Los trató con amor y desprecio por igual, desde una torre a la que nadie podía llegar y que él reservaba a presidentes o gobernadores a los que consideraba sus iguales. Y sólo a ellos.
Controvertido y controversial. Polémico de principio a fin, Fayad fue un transgresor en la vida y en la política. Jugaba a la ruleta rusa con ambas, alardeando con la muerte que le capturó esta tarde. Su estilo de estar siempre “más allá” de las cosas le fue minando su respeto por la ley. Así, la propia municipalidad y él de manera personal quedaron enredados en una importante cantidad de causas judiciales. La más avanzada fue la de amenazas a MDZ, que estaba en juicio oral, con fecha fijada. Todas estas acciones quedaron extinguidas con su muerte.
Su estilo de hacer política desde la confrontación, con una importante base militante y la adhesión de quienes incluso le odiaban pero lo necesitaban por razones electorales, le ayudaron a construir su fortaleza. Por eso la propia UCR le perdonó que deshiciese listas electorales consagradas en internas. En el altar del Viti se sacrificó hasta la democracia interna de un partido que se preciaba de ella. Pero ese fue su modo de hacer, que generaba tantas adhesiones como rechazos. Le sirvió en todo caso para ser poderoso y administrar relaciones con las alianzas que le vinieran bien: poder político, económico o mediático, importantes cuando las fuerzas propias flaqueaban o su partido le mezquinaba algún apoyo.
Fayad no deja herencia política. No ungió un delfín en la UCR para reemplazarlo, ni en ningún otro partido. No habrá otro como él, con su estilo y sus formas; y por eso al radicalismo de la Capital, -algo así como “un partido” dentro del propio partido político- perderá influencia interna respecto del cobismo y el cornejismo. Su sucesor formal será Rodolfo Suárez, pero el heredero político se busca.
Es muy difícil construir victorias desde posiciones aparentemente perdidas. Eso sólo lo consiguen los grandes ídolos del fútbol mundial con jugadas magistrales o los maestros de ajedrez a fuerza de cálculo, conocimiento y estrategia. Fayad lo conseguía y resucitaba siempre. Solía decirles a los periodistas, respecto de sus correligionarios y ocasionales adversarios, “qué me van a correr estos a mí, si yo le gané a la muerte”. Lo decía en referencia a aquel enorme susto cardíaco que había vivido años atrás. Su salud también fue un argumento para hacer política. La usó con habilidad cuando fue necesario. 
Político de raza, al fin, todos los recursos debían estar disponibles para su uso. Fue así que el carácter soberbio que casi todos le toleraban le impidió ver el peligro político cuando su partido lo fue aislando. En ese sentido fue destructor, y autodestructivo y abusó de la confianza popular disponiendo de bienes y personas públicos y particulares en sus guerras privadas, seguro de que tenía siempre el apoyo de los mendocinos. Era ése el cimiento de su estilo de gobierno discrecional, incluso arbitrario, que tantos dolores de cabeza le trajo a él, a la propia municipalidad y a sus abogados.
Con la muerte de Víctor Fayad se pierde un factor de triangulación política importante en Mendoza. Cristina deberá buscar otro aliado fuera del peronismo para incomodar a Cobos, y los peronistas locales se quedaron sin su principal compinche para socavar el poder del radicalismo “puro” de Mendoza. Muchos lo van a sentir de verdad: Roberto Iglesias, Sergio Bruni, Rodolfo Suárez, Liliana Vietti, Gabriel Fidel, César Biffi, Raúl Vicchi, Mariana Juri, y tantos otros. Muchos de sus funcionarios y de otros que pasaron por la política o que aún están le deben su existencia. Y agotada esa fuente de poder deberán buscar dónde alimentarse.
En los últimos meses la UCR se había acercado a Fayad dispuesta a superar antiguos episodios y de hecho jugaron juntos en la última elección de Capital, que fue una victoria con sabor a poco por el empate en concejales con el PRO. Hubo discretísimas negociaciones con Cornejo y hasta un abrazo con Cobos en las elecciones del año pasado. Después, el “Viti” se quedó a un costado, ya definitivamente ocupado de su salud.
Déspota o paladín de la democracia, autoritario o plural, prejuicioso o libertario, poderoso, transgresor, arriesgado, ilegal, humilde o soberbio según las circunstancias, Fayad fue apostador de la vida y de la política, personalista, gran manipulador de personas, partidos, gobiernos e instituciones, practicante de la tolerancia por lo incorrecto, y figura al fin de la política mendocina. No pasará mucho para que la Capital tenga su plaza o avenida “Víctor Fayad”. Pero seguro que va a ser a contramano, lo que mejor supo hacer en política para construir el poder que lo transformó en “El Viti”, desde aquella lejana concejalía a los 27 años en 1983, hasta la cúspide política que encandiló incluso a presidentes de la Nación.
Algo es seguro, con aciertos y errores; era el que cambiaba las formas de la política ganando y perdiendo posiciones, amigos y enemigos y trasponiendo límites incluso legales. Fue su forma de construir poder desde el particular estilo del voto unánime y personal, por él mismo. 
Por esa huella que dejó Víctor, la política, su militancia y sus vecinos más nostálgicos lo van a despedir con honores, perdonando al fin todos sus pecados.

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